Este texto fue escrito por Simon Frith, un sociomusicólogo británico y ex crítico de rock que se especializa en la cultura de la música popular.
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| Imagen tomada de: http://www.lne.es/gijon/2013/06/25/simon-frith-musica-experiencia-opera/1432577.html |
“En la base de cualquier distinción crítica entre la
música «seria» y la «popular» subyace una presunción sobre el origen del valor
musical. La música seria es importante porque trasciende las fuerzas sociales;
la música popular carece de valor estético porque está condicionada por ellas
(porque es «útil» o «utilitaria»). Este argumento, bastante común entre los
musicólogos académicos, coloca a los sociólogos en una posición incómoda. Si
nos aventuramos a sugerir que el valor de, pongamos por caso, la música de
Beethoven puede ser explicado a partir de las condiciones sociales que
determinan su producción y su consiguiente consumo, se nos acusará de filisteos
-las teorías estéticas de la música clásica siguen manteniendo un cariz
decididamente a-sociológico-. La música popular, por el contrario, se considera
buena sólo para hacer teoría sociológica con ella. El acierto con el que
logramos explicar la consolidación del rock'n'roll o la aparición de la música
disco se toman como prueba de su falta de interés estético. Relacionar música y
sociedad se convierte así en un cometido distinto en función de la música con
la que estemos tratando. Cuando analicemos la música seria, deberemos poner al
descubierto las fuerzas sociales que se ocultan tras los discursos sobre
valores «trascendentes»; al analizar el pop, deberemos tornar seriamente en
consideración los valores desdeñados en los discursos sobre funciones sociales”.

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